Soy como un páramo solitario instando al tiempo a recrearse en tus recuerdos.
Pienso constantemente en ti, como una tersa piel, como el sonido del silencio que
trastoca la oscuridad de mi vida. Lacónico canto de sirena, mi voz, llamándote, sin
encontrar respuesta. Tus recuerdos impiden pensar, atascan intelectos, olvidan
promesas, sonsacan ironías, maldicen recuerdos, inventan poemas, desatan las iras,
incitan a la calma, trastocan la vida, impiden la paz.
La luz de tus calles son... como el incipiente principio en el abismo de la
muerte de mis sentimientos, heridos por ti.
Tú que galopas desbocada en el interior de mi ventrículo, al son de la corriente de
tus sonidos.
Imagino, flores al viento increpando en movimiento el sentido del ritmo de
tus recuerdos, balanceándose lentamente en mi memoria. Tus colores como el
crepúsculo de la puesta de sol más inverosímil, resaltan en cada una de sus múltiples
formas entroncadas en una misma, para tomar la luz que escapa.
Tus olores evocan mil recuerdos de fragancias místicas como luces al chocar
y fragmentarse. Irradias vida en el páramo desértico de mi horizonte, atravesando de
norte a sur.
Así eres tú, que te mantienes y te irás impávida, dejando un reguero de
pasiones a tu espalda, dejando un recuerdo de amistad y amor a tu paso, muy difícil
de superar por nadie de estas tierras de monotonía y rutina. Fuiste como una luz que
alumbro durante un pequeño periodo de tiempo a todos nosotros, que fuimos más
cuando tú nos alumbrabas con tu sonrisa y no somos nada cuando nos quedemos sin
ti.
Tánger, cuanto vivido y tan lejos, cuantos recuerdos no olvidados, cuantos
sentimientos apartados de nuestras vidas. Cuantas añoranzas de una juventud
esplendorosa que pasamos allí.
Ahora en otras tierras, con otras gentes, con otras costumbres, con más edad,
con más poder, con mas sabiduría, lo
cambiaria todo por estar contigo día a día. Por
despertarme, en ti, en una de tus calles, ver tus amaneceres, tu luz, sentir tu tibio
viento en mi piel, sentir "eso" tan especial que sentimos cuando estamos contigo, en
cualquier parte de ti, pero en ti.
A Tánger, para los que sienten lo mismo que yo.
Agosto de 2.010 en otra parte del mundo que no es Tánger.
Juan Antonio García Harana
Los catalanes últimamente no están cayendo muy bien al resto del país, la absurda idea de los políticos catalanes de desmembrar el estado en cuestiones lingüísticas, no son bien recibidas por el resto de los españoles que les compra sus productos. Sin estas ventas Cataluña no podría vivir. El 78,4 % del producto propio interior bruto es vendido al resto de España. En esta cantidad no contamos los productos comprados, y fabricados fuera del país, pero que por razones estratégicas tienen su sede y almacenes en Cataluña. No es de sabios enojar al cliente, y en este aspecto tendrán que aprender mucho los políticos de este bello rincón de España. Lo malo de todo esto, no es que algunos españoles estén más que cansados de escuchar siempre la misma cantinela, lo malo es que están trasladando esta cuestión al pueblo catalán, que nada tiene que ver con sus políticos. El pueblo catalán es sabio y sabe que sus idiomas son el Español, y como lengua vernácula el Catalán, pero que no pueden renunciar a ninguno de los dos. El catalán porque es su idioma, y el español porque siendo egoístas es el que les conviene utilizar. No es de muy listos, renunciar a la cultura, y es culta una persona, que además de su idioma, sepa y pueda hablar el castellano, un idioma que es hablado por casi 500 millones de personas en el mundo. Sepan que en Bélgica que tiene un problema similar, según una encuesta realizada entre turistas, el 90 % de personas que conocían el problema en el resto de Europa, dijeron que preferían no viajar a un país, donde es peligroso estar, por el odio entre lenguas de un mismo país. Otros los comparan con los Balcanes. Lo que demuestra, que son los políticos los únicos culpables del odio entre personas de distintos lugares de un mismo país. Con las ultimas políticas lingüísticas catalanas, parece que pretenden castigar al que utilice el castellano, craso error, sobre todo cuando el máximo responsable de permitir esta política que les dictan sus socios del tripartito, no es catalán, no lo habla bien, y se supone que en intimidad no lo utiliza. Aun se recuerda la patética actuación de un político Catalán, que ridiculizo a un espectador cuando pronuncio su nombre en español. Sepa usted señor Pepito, que me da igual que los americanos digan New York, soy español y digo Nueva York, y usted es Pepito ó Pep, da igual los dos están dichos en idiomas oficiales del país. Y no tiene usted ningún derecho a dejar en ridículo a un ciudadano que paga sus impuestos para que usted viva de ellos y encima de la forma más rastrera, y amparándose en su verborrea política lo humillara de esa forma. Se le debería de inhabilitar de por vida. Y lo más chocante del caso, es que este señor, tampoco es hijo de catalán… ni me importa, pero siempre dan la nota los que tendrían que callar.
Volviendo al asunto que me traen estas líneas, quiero desde aquí, y con toda humildad, indicarles a los políticos catalanes, que deberían aprender de Tánger, vamos.. del Tánger internacional, y fijarse como se consiguió que tantas lenguas pudieran vivir, juntas y sin problemas. Y es muy fácil, solo con un poquito de voluntad. Eso fue lo que tuvieron los tangerinos, en esa torre de Babel que fue Tánger. Y nunca se tuvo problemas, es más, jamás se encontrara una ciudad en la que se mesclaran más idiomas en el hablar cotidiano de los ciudadanos. Por eso desde aquí, les invito a reflexionar; no castiguen la cultura, porque señores políticos, prohibir hablar, es castigar la cultura, también tiene otro nombre, pero no quiero utilizarlo, porque me parece muy grave para la democracia. Ya tenemos la triste experiencia de lo que ocurrió años atrás, que prohibieron hablar en catalán, en nuestro país, y así les fue a los prohibidores, esto mismo le puede ocurrir en la actualidad a los que prohíben, de una forma muy sutil, utilizar el castellano en Cataluña. Y sabemos que esa prohibición, no está escrita, es peor aún, es subliminal, es bajo cuerda, es coartiva, es rastrera, con inspectores de todo tipo amedrentando con sanciones a los que se les ocurre poner cosas en castellano. Terrible pero cierto, es un terrorismo cultural de dimensiones dantescas, que dentro de unos siglos, se vera de otra forma, y saldrá a la luz toda la verdad. Unos inquisidores sin torturas físicas, ahora son torturas síquicas.
No soy del ningún partido político, y de verdad es que la política me importa un bledo, pero sí que la sigo, porque vivo en este país, y veo como se está quedando por culpa de ellos, los políticos…. Espero que alguien con sensatez, cambie las cosas, antes de que esto no tenga solución.
Desde aquí pido perdón, si algún catalán, se sintió ofendido con mis palabras, pero es lo que siento, y no se puede luchar contra los sentimientos.
Juan Antonio García Harana
A veces la cosas que van unidas a cosas serias y tristes, consiguen sacarnos más de una sonrisa, y se transforman en carcajadas. Todo se fraguo en la ciudad donde vivimos, Sanlúcar de Barrameda. Como siempre, cuando monto un viaje, se lo comunico a mi amigo y socio de aventuras Rafael Fernández (el tapicero). En esta ocasión el hombre tenía problemas para venir, su mujer no podía por asuntos familiares. Es bien cierto que viajar solo cuesta más caro, pues te aplican un suplemento de individual que puede superar el 40 % del importe del billete. Pronto superamos este problema. Un tangerino, se apunto al viaje, Juanito Díaz. Este tangerino tenía pensado viajar a Tánger en una de esas excursiones de un día. Lo tenía planeado desde hacía meses. En su poder tenía una lapida que mando construir para su madre que descansa en el cementerio de Bubana. El tiempo deterioro de tal forma la lapida, que nuestro paisano Juanito, encargo otra a un marmolista sanluqueño. Para transportar la lapida, nuestro amigo Rafa que es tapicero y buena persona, le construyo una funda de tele de tapicería para llevar la lápida a salvo de golpes. Busco un carrito con ruedas, y de esta forma evitar el peso del mármol. De esta guisa tiramos para Tánger. No creáis que yo no pensé que pasaría cuando pasáramos el escáner, pero me fallaron los cálculos, no fue en España donde nos pararon, fue en Tánger. Una chica carabinero que se encontraba sentada en una silla delante del monitor, donde están viendo los objetos que pasan los viajeros por el escáner de la entrada, de pronto se levanto muy seria, yo sonreí y pensé, ya la liamos. Lógico, en el escáner, el mármol se ve como un objeto solido, que bien pudiera ser una caja de plomo para pasar armas o drogas. La señorita muy amablemente le pregunto al propietario del objeto no identificado, que es lo que llevaba en el bolso. Juanito le dijo en francés, “Señorita es una lápida para la tumba de mi madre”. La señorita no lo entendió bien, y le dijo ábralo. Juanito con cara de preocupación, se volvió a dirigir a la señorita en francés, “Mire que lo que contiene no le va a gustar”. Esto último no le sentó bien a la celosa carabinero del puerto de Tánger, que insistió “abra el paquete por favor”. Las nerviosas manos de Juanito comenzaron, a correr la cremallera que contenía la pieza de mármol. Dentro envuelta en corcho blanco y liada con tiras de cinta de envolver de color marrón, la lápida descansaba segura de golpes. Las manos del tangerino, torpes por lo inusitado de la situación, tardarón una enormidad en quitar unas de las múltiples cintas de plástico, mientras la señorita se desesperaba, y esperaba impaciente para comprobar que es lo que llevaba el señor mayor con tanto misterio. Rafa acudió en su ayuda, y de un manotazo, quito varias cintas a la vez y el corcho blanco dejando al descubierto parte de la lápida. De pronto escuchamos un gemido, y vimos a la señorita llevarse las manos a la cabeza, diciendo llévense esto pronto de aquí, rápido por favor. En pocos segundos volvieron a envolver la lápida y la dejaron ensu carro para bajar de la aduana. Antes de llegar a la puerta pudimos comprobar como la pobre señorita, se llevaba las manos a la cabeza, al mismo tiempo que ponía cara de circunstancias, como lamentando el terrible suceso para ella, jamás pensó encontrarse una lapida en su trabajo, al mismo tiempo que decía algo entre dientes, que nunca sabremos, pero que nos imaginamos.
Recuerdo en mi juventud, cuando nos reuníamos en el casino Español, hoy casa de España. Después del cine y un paseo por el Boulevard, nos dirigíamos al Casino Español. En la entrada siempre se encontraba el Señor Cañamero (Jefe de los conserjes del casino), con su reluciente y gigantesca calva, tan grande que no tenía un solo pelo. Nos sentábamos un rato en los sillones de color granate (mas tarde lo tapizaron de otro color). Leíamos la prensa, uno la deportiva el resto, espiaba a Cañamero, que no nos quitaba el ojo de encima. Podríamos decir que inventamos el contraespionaje, el nos espiaba y nosotros también, bueno es una forma decirlo. Recuerdo que yo al poco tiempo de ser hijo de socio, estaba solo leyendo en un butacón de la entrada, esperando a mi amigo Ignacio. Cañamero vino a intentar quitarme el diario Marca ó el As, no recuerdo bien.
– déjame el periódico es para un socio.
De pronto no supe que responder, momento que el aprovecho para tirar, de la varilla que sujetaba el diario deportivo por el centro. (Solían ponerle una varilla de madera con un pequeño candado, para que no se lo llevaran). Pero reaccioné a tiempo y sujete fuertemente una parte del la hoja del diario que estaba leyendo, de tal guisa que esta quedo rota por el centro. La cara de Cañamero de pronto cambio de color, primero se puso blanca como la leche, para pasar a reglón seguido a teñirse de rojo intenso.
-bestia, rompiste el periódico, tendrás que comprar otro…
En principio, me sentí un poco cortado, pero en seguida reaccione.
-Yo no tengo porque comprar nada, usted tiro de la madera, cuando yo estaba leyendo tan tranquilo,
-Esto es para los socios, no para sus hijos, me contesto el Jefe de los conserjes.
-Y eso donde lo pone, en que parte del carnet de socio lo pone. Yo contestaba pero un poco inseguro, no sabía que decir, el conserje parecía que iba a explotar. Yo también, hubiera deseado que la tierra me tragara. A mí me pareció un siglo, no sé el tiempo que me llevaría discutiendo con el Pobre Cañamero, pero yo cría en mi verdad, y no me pare a pensar que cuanto más discutiera con él, menos me daría la razón.
De pronto llego mi ángel salvador, José Luis Moreno, que nos vio enfrascados en la discusión, donde solo levantaba la voz como tenía por costumbre el señor Cañamero. El conserje, se sintió salvado, pues el muy iluso creyó que el señor Moreno se pondría de su parte y le explico, lo ocurrido, y la verdad es que no mintió, se sentía tan seguro de sí mismo, que no vio necesario poner ningún adorno para que le ayudara el veredicto del respetado señor Moreno. Pero no se dio cuenta de que José Luis, por amistad a mi persona, y porque yo llevaba la razón, se puso de mi parte. Fue de una forma elegante e inteligente, al mismo tiempo que sutil. Cañamero.. le dijo en tono paternal, que no corra la sangre, no se ponga usted así de enfadado con Juan Antonio, que él tiene el mismo derecho que cualquier socio, a leer la prensa, y sepa que de habérselo usted pedido de buenas formas, el no hubiera dudado en entregarle el periódico, pero… no se preocupe, que yo tengo el diario deportivo en mi apartamento, y si me espera en diez minutos tiene un diario nuevo. Y espero que esto no sea motivo de enemistad entre vosotros, que los dos sois amigos míos, y no me gustaría veros enfrascados en una guerra, que ya sé que los jóvenes le gastan bromas, pero seguro que Juan Antonio, no es de estos. Daros la mano, y tan amigos.
Lo cierto es que el señor Cañamero, admitió la sutil regañina del periodista, pero… a mí a partir de ese momento, me quito una de las satisfacciones más grandes que tenia cada vez que iba al casino, gastarle pequeñas bromas a Cañamero, claro está, sin que este se diera cuenta. Desde ese momento me sentí en la obligación de no dejar en mal lugar a José Luis, y ya no volví a gastarle más bromas al conserje. Ese día perdí una de esas pequeñas sensaciones agradables que da la vida, la risa, de ver la reacción del Señor Cañamero, cuando le gastábamos las bromas. Siempre fueron bromas sin maldad, para ver su reacción de enfado y la cara de malas pulgas que ponía. Desde ese instante, me convertí en mero espectador, y ya tan solo me quedaba reír, de las bromas que gastaban los otros. Lo cierto es que con el riesgo de parecer presuntuoso, ya nada fue igual, los demás no tenían la misma sutileza que yo para gastarle bromas. Fueron bromas burdas y a veces fuera de tono, pero así es la vida. Y lo más simpático de la historia es que desde ese día el señor Cañamero, fue mi amigo, pero solo charlaba conmigo, cuando yo estaba sin mis amigos. No sé si porque no los podía ver, o por no dejarme en mal lugar, eso nunca lo llegare a saber.
JUAN ANTONIO GARÍA HARANA
Recuerdo los domingos un cuarto de hora antes de las cinco de la tarde, todos en el cine Goya. Fue nuestro lugar de encuentro. Casi siempre entrábamos a ver la película, al menos a intentarlo. Creo que la primera vez que mi madre me dejo ir solo al cine con los amigos, casi no encontramos entrada, llegamos a las cinco en punto. Ahora sin embargo sobran butacas, no me acostumbro a ver el cine casi vació. Ya da igual que gritemos nadie protesta, todos tienen nuestra edad. Da miedo ver “el Goya” de esta forma. Es increíble como cambio del año pasado para este. Parece otra ciudad, apenas unos cuantos jóvenes españoles por la calle. Todo es muy triste, y pensamos que de seguir así, pronto la noticia que nos llego a principios de año se confirmara, dejaran de poner películas dobladas al castellano. Tendrían que pasar varias semanas aun para que la terrible noticia llegara. Y no fue de palabra, un inquietante cartel con una película doblada en francés nos dio la terrible nueva. Todos nos quedamos petrificados. Preguntamos en taquilla, y nos confirmaron la cruda realidad, el idioma de Moliere le había ganado la partida al idioma de Cervantes. Propuse realizar un campaña para que los españoles vinieran al cine, pero pronto desistimos, sabíamos que esos españoles, con la nueva televisión, no se moverían de casa. Se trataba de tiempos difíciles, había miedo en el ambiente, solo nosotros jóvenes aquellos años, no lo veíamos igual. Aun quedaban españoles, bastantes, pero convertidos en ermitaños, la mayoría para no gastar, sabían que seria el ultimo año en la ciudad, y tenían que ahorrar todo lo que pudiesen para la partida. Todo se había terminado, el siguiente domingo tendríamos que ver la película en francés. Nos dio tanto coraje que cambiamos de cine y nos fuimos todos al Mauritania. Fue nuestra absurda venganza contra un empresario que solo defendía sus legítimos intereses. Y lo cierto es que pensándolo bien, salimos ganando, las películas dobladas en español, que solían traer, no nos gustaban, preferíamos las que venían en francés, por tratarse de estrenos europeos y sin censura. . sin saberlo, nuestro espíritu quijotesco, nos salio a relucir a aquella temprana edad. Creo que no volvimos a entrar al Cine Goya jamás, nos sentimos tan ofendidos que se convirtió en un lugar maldito para nosotros. Incluso recuerdo que para ir al cine Roxy, nos cambiábamos de acera para no pasar delante de la puerta del cine. Esta fue una de tantas cosas que fuimos perdiendo en nuestro viejo y querido Tánger.
Gracias Cine Goya, por aguantarnos tanto, gracias por darnos tantas tardes de felicidad, gracias por ser nuestro complice, gracias por unirnos, gracias Cine Goya, y perdona nuestra infidelidad. Contigo muere una parte de Tánger, solo queda el edificio, ya sin proyecciones, y pronto quitaran tu nombre castellano para armonizar. Pero no importa, quedas en nuestros recuerdos para siempre, porque tu como tantas cosas de nuestro Tánger querido eres inmortal.
Es difícil ser empático en el Tánger actual. Lo intento, pero cuando veo ciertas cosas, me siento mal, no alcanzo a comprender algunas actitudes, algunas acciones. Me es muy difícil sustentar mi convencimiento para equiparar los distintos puntos de vista. Siento un déficit en mi conciencia emocional. Mi capacidad empática sufre enormemente. Me duele a veces no comprender ciertas actitudes, ciertas acciones que se salen de mi raciocinio lógico. Intento escudriñar la piel ajena para mejor entenderla. Pero a veces algo falla, algo no es compatible con mi forma de entender. No es una solución, pensar distinto, quiero sentir empatía por ellos, por lo que se sienten únicos, y fuerzan la vida a su antojo, despojando los sentimientos ajenos. Quiero pensar que ellos piensan cuando toman ciertas posiciones, pero me cuesta. Me es muy difícil compenetrarme con ciertas acciones. Reflexiono y me digo, tienen que tener un motivo, pero.. por más que busco, no encuentro ninguno. Y no quiero ni pensar que ellos también deberían comprenderme, pero no, no es así. Soy yo el que quiero comprender, ciertas formas de pensar, en determinados momentos. Y al final me digo, no puedo pretender comprender todo lo que está fuera de toda inteligencia emocional. No puedo admitir, lo que va contra mi conciencia, aunque esto vaya contra los sentimientos ajenos. Sé que tendrán que tener un motivo, una justificación. Pero yo no sé leer en estos casos emocionalmente a estas personas. Y desde mi condición de tangerino, tan solo quiero expresar mi opinión, y quiero saber porque se mando derribar el hospital Benchimol, no lo entiendo ni lo entenderé jamás. En estas ocasiones dejo de ser empático, y comienzo a pensar, incluso me pongo impertinente, pero quisiera una explicación, ¿porque.. se tiro el Hospital Benchimol?.
En los maravillosos años de niñez, en mi querido Tánger, ocurrió un suceso extraño, que aún hoy recuerdo, un poco con nostalgia y recelo.
Tendría unos 14 años, era un día cualquiera, en invierno, el cielo se encontraba encapotado, temiendo romper en lluvia. No recuerdo bien la hora, la claridad comenzaba a escasear, las nubes de mil formas diferentes tapaban casi por completo el azul del cielo. Y la maravillosa luz de mi cuidad comenzaba a desaparecer para da paso a una terrible oscuridad.
Esa tarde, me encontraba en casa de mi amigo Abrami. Su madre nos pidió que nos llegásemos a uno de los herreros que tenían la fragua en la prolongación de la calle San Francisco, dirección al Zoco Fuera. Mi amigo intento escurrir el bulto, pero no pudo con el poder de convicción de su madre.
Antes de ir al herrero, nos pasamos a buscar a otro amigo, que vivía junto a nosotros. Nos paramos en el patio de entrada de la catedral. Estaban jugando a la pelota, arriesgando las piernas en cada caída con el empedrado que forma el suelo. Uno de los niños, nos invito a unirnos al juego, y olvidando el recado que teníamos pendiente, saltamos la valla negra de hierro y comenzamos a jugar.
Al poco tiempo, salio gritando el sacristán, al que llamábamos Padre Angel. Todos salieron corriendo menos nosotros, porque sabíamos que Angel, solo chillaba, pero nada mas, su bondadoso carácter, le impedía tomar represalias contra nosotros, pese a las broncas que le daban sus superiores cada vez que nos veían jugar.
Tranquilamente, saltamos la valla,, y nos dirigimos al herrero, escuchando cada vez mas lejos al sacristán, no sin antes pararnos de nuevo en la zapatería de la esquina, donde el zapatero llamo al alguien para que le dijese a su madre que ya tenía los zapatos arreglados.
Cuando llegamos al herrero, este ya no estaba, la negra puerta llena de hollín de la fragua, se encontraba cerrada. Mi amigo, sintió igual que yo, un congojo por la bronca que nos íbamos a llevar de su madre. La luz en ese momento escaseaba tanto que el color original de la puerta, que en su día fue verde botella, se torno de un negro horrible.
Llamamos insistentemente a la puerta, pero no contesto nadie, aquello estaba vacío, y la oscuridad cada vez nos envolvía más. A esa hora, aquella calle, estaba desierta, y aun más con la amenaza de lluvia en ciernes. Abrami, fue el primero en sentir miedo, y dijo, vámonos que esto esta cada vez mas oscuro, y sin mas salimos casi corriendo de la puerta de la herrería.
De pronto, Abrami, dio un pequeño grito ahogado, lo miramos sorprendidos y no sabíamos que le ocurría, pero en seguida lo vimos. Entre las tumbas del cementerio que se encuentra a la derecha de la calle frente a los herreros, vimos el resplandor que obligo a gritar a nuestro amigo. En seguida nos repusimos del susto, y yo dije, tal vez para convencerme de que nada raro ocurría, que alguien que estaba fumando.
Abrami, con un sonido gutural quiso decir algo que no entendimos en principio, pero que vimos a continuación. Entre las tumbas bajas y encaladas, unas llamas de color rojo y azul, con tintes amarillos, flotaban en el aire. Al mismo tiempo soltaban un leve zumbido. El color rojo se iva disipando y cambiando al mismo tiempo que el azul, convirtiéndose en varios amarillos, claros y oscuros. Los colores cambiaban rápidamente de tono, en un espectáculo multicolor. La aureola que se formaba alrededor de la llama, hacia que las tumbas que se encontraban detrás, tomaran vida y se movieran. Todo fue tan rápido, que casi no lo vimos. En menos tiempo de lo que habíamos tardado en subir la cuesta, en toda nuestra vida, ya nos encontrábamos ante nuestras casas. Mi padre se iva en ese momento, y extrañado al vernos tan alterados nos pregunto que nos ocurría.
Como pudimos y balbuceando las palabras, le contamos a mi padre, que entre las tumbas y por dos veces habíamos visto como una llamarada, sin que ardiera nada.
Mi padre rompió a reír a carcajadas. Después de un rato que a mi me resulto eterno, pues quería saber, que es lo que le provocaba la risa, termino por contarnos que lo que habíamos visto, se trataba de los fuegos fatuos. Nos explicó, que se trataba de un fenómeno que ocurre cuando entierran a los cadáveres sin ataúd, en zonas de mucha humedad., que produce aparentemente como un fuego que flota en el aire, al salir el calcio de los huesos por la descomposición de estos.
Y añadió antes de montarse en el taxi que lo esperaba. Yo no creo en esas cosas, son leyendas, y están ahí para dar explicación a cosas que no la tienen, para consuelo del que como vosotros intenta buscar explicación donde es difícil encontrarla.
Pase tanto miedo que nunca mas quise preguntar a mi padre que me quiso decir con aquellas palabras. Recuerdo que de vez en cuando iva con mi madre al zoco para ayudarla, sobre todo en vacaciones. A partir de entonces, cuando pasaba por delante del cementerio sentia que un escalofrio me recorria el cuerpo.
Corrían por las calles del Tánger internacional, muchas leyendas urbanas. Casi todas para provocar miedo. Entre las que conozco recuerdo una que me contó, un viejo periodista del Diario España de Tánger. Si mi memoria no me engaña se llamaba José Luís Moreno. Lo conocimos en el casino Español (ahora Casa de España).Lo recuerdo siempre sentado frente a la puerta de entrada, con su ABC en la mano, y con muchas ganas de estar acompañado. Después de algún tiempo, llegamos a tener una cierta amistad con él. Algún que otro día nos comentaba cosas, que nosotros con 17 años nos creíamos a pies juntillas, pues se trataba de un gran conversador, culto y ameno.
Entre las muchas historias que nos narró, está la que paso a contaros a continuación.
El 14 de junio de 1940 las tropas españolas entran en Tánger. La ciudad internacional pasa a manos españolas. Y el ejército toma la ciudad y sus alrededores. En las inmediaciones de las grutas de Hércules, montan un campamento, con una torre de madera, donde los soldados tenían guardia permanente. Vigilaban el mar, por donde temían los mandos Españoles que desembarcarían las tropas francesas, como represalias por la ocupación de la ciudad.
El capitán, de la compañía, por temor a que explotaran los explosivos y la munición que guardaban en una tienda de campaña; los mando meter en el interior de las grutas, para evitar el calor sofocante de aquel verano de 1.940.
El tiempo transcurrió .., en el año 1945 ya no estaba el capitán, La aptitud hostil de los soldados hacia los civiles había cambiado con el paso del tiempo. Lo que motivo que la gruta fuera visitada de vez en cuando por civiles, que venían a verla, o fotógrafos que plasmaban las bonitas vistas que la gruta tenia al mar. Por tal motivo, cuando tenían que meter o sacar cajas de munición para las prácticas de tiro, no tenían más remedio que impedir la entrada a los civiles tangerino que venían de vez en cuando al improvisado polvorín. Esto motivo que a la hija de un alto militar que se encontraba en Tánger, le impidieran la entrada a la gruta, y el consiguiente enfado de su padre. El nuevo capitán del observatorio, fue amonestado por sus superiores y pago el enfado con el sargento, que a su vez abronco al cabo furriel. Al que dio la orden para que se buscara la vida, y solucionara el problema.
Pepe Fustes, el furriel valenciano, no durmió en toda la noche, pensando que le quedaban solo unas semanas para volver a su casa de permiso, y que el maldito asunto le podía fastidiar las vacaciones militares. Por la mañana, y después de mil vueltas en la cama, por fin había dado con la que él creía la solución. Se le ocurrió la idea, abrir desde fuera un camino para salir directo al campamento, y una vez en la gruta, construir un pequeño puente colgante que diera directamente a la puerta del arsenal. De esta forma, los civiles podrían seguir entrando en la gruta los días que tuvieran que sacar munición y contentaría al capitán de la compañía. Su ayudante, el soldado Abdelkader, del primer tabor de Regulares de Tetuán, se dio cuenta de que si montaba un puente colgante, se cargaría la maravillosa vista del mar y las puestas de sol. Con lo que seguiría el enfado del capitán. Y el consiguiente peligro por la altura y lo inestable del lugar.
Pero el cabo, solo pensaba en su tierra, y no escucho a su soldado, mandándolo callar.
Después de varias semanas de trabajo, y de múltiples intentos por parte de Abdelkader, por disuadir a su superior, solo habían logrado a base de mucho picar la peligrosa roca un incipiente hueco en el duro costado izquierdo de la gruta. Pero no llegaron a acabar la obra. La segunda guerra mundial termino, y las tropas españolas abandonaron Tánger y el polvorín, y el Cabo se pudo ir de permiso a su casa, dejando la imagen que ahora vemos que se asemeja a una persona, pero que no es natural, es debido a la mano del hombre, y por un motivo completamente fortuito, con la construcción de parte del camino en la roca, se formo la nariz y la boca de la cara de Hércules.
Nota: en la imágenes que vemos a continuación, podemos observa que la primera es la foto de una acuarela del pintor ingles George Owen Wynne Apperley, que data del año 1.945. En ella vemos que no es igual que las grutas de Hércules que conocemos en la actualidad, y que podemos observar en la imagen tercera de la derecha.
En esta imagen actual podemos observar claramente, como la gruta se asemeja a la cara de una persona, mientras que la pintura de Apperley, es muy distinta, lo que podría demostrar, que el pintor vino antes de que el Cabo Fustes comenzara la obra, que daría forma a la famosa cara de Hércules. Y la foto del centro puede estar trucada ó ser real, no lo sabemos. La imagen anda por Internet en una de tantas páginas de Tánger, que hoy circulan de nuestra ciudad. Pero no me negaran, que parece la misma foto trucada, pero al mismo tiempo no es la misma…
Las leyendas, tienen eso… son leyendas, y están para darnos que pensar…
A veces uno se inspira en el amor, y a veces este amor no es por una persona, es por algo diferente, una ciudad. Tánger esa ciudad que nos vio nacer, que ya solo queda en nuestros pensamientos, estos a veces te obligan a pasar al papel, lo que piensas para que todos lo sepan, y quede en el recuerdo. Estas palabras que salen solas a trompicones, que no se quieren quedar dentro, se comparten con los demás, porque sé que muchos se sienten identificados con ellas, y no pueden expresarlo, pero las sienten. Y esto es bonito, sentir un mismo sentimiento por algo. Altruistamente, sin ánimo de lucro solo por amor, por lealtad a una ciudad que fue y es nuestra. Para todos vosotros que tenéis el mismo sentimiento que yo, tomad mis palabras como vuestras, porque fueron escritas pensando en Tánger, por eso este poema de amor se llama “A Tánger; y está escrito para Tánger pero también para vosotros, porque si analizáis las palabras son también vuestras. No las olvidéis, no os de vergüenza decirlas en alto, Tánger el gran amor de mi vida.
El cielo triste de tus ojos
Me dieron llantos amargos
Fue al dejarte, al partir
Cuando te sentí sufrir
Fue premeditada mi marcha
Vi en tus ojos descontento
Sentí tu dolor comprimido
Todo fue un momento
Nadie pensó en mi marcha
Todo fue tan repentino
De repente mi partida
Que cambio nuestros destinos
Ni un reproche te escuche
Ni una queja
Ni una lagrima fugaz
No me debí marchar
Se veía venir
Todo cambio en el lugar
Ya no quedaba sitio para mí
Me fui pensando en ti
El mar separo nuestro romance
Un barco ayudo al olvido
Otra ciudad me absorbió
Ya nada me quedo
Y te pienso y me alimento
Y te veo y me inquieto
Mi cabeza no te borra
Estas en Mi pensamiento
Fue después de muchos años
Que volví para poder verte
Soñarte y acariciarte
Y tarde en reconocerte
Solo me quedan recuerdos
De tu sempiterno perfume
De tu sonrisa y carisias
De ti y de tu brisa
Todos creen que estoy loco
No es normal amar una ciudad
Locos son ellos que olvidan
a Tánger mi gran verdad
Juan Antonio García Harana
Juanita Narboni: personaje de ficción, tal vez el más importante de la historia de Tánger , ningún personaje de ninguna otra novela, se identifica más con una ciudad. Fue parida por el maravilloso escritor tangerino Ángel Vázquez. La señorita Narboni, como merece ser llamada, es el más vivo representante del Tánger internacional. En su vida, van sucediendo sucesos que marcan la propia historia de la ciudad de Tánger. Ella, a su vez atesora todas las virtudes y defectos de una época. Vivieron bien, muy bien, formando una amalgama de culturas y razas. En la ciudad todo tenían cabida, para todos los pudientes. No se portaban mal con los pobres, casi todos, marroquíes y españoles. Pero llegaron a olvidar muchas veces que se trataba de personas de carne y hueso, de seres humanos que sentían y padecían. Que tenía una vida, una familia y una casa fuera de su trabajo. Llegaban a sentirlos parte de ellos, menos cuando se enfadaban y salía a relucir su posición preponderante; recordando muy sutilmente quien era quien en la relación. Pese a que en la relación empleado-dueño, siempre perdía el más débil. Por lo general el trabajador apreciaba al jefe, todo lo contrario que este, que solía acostumbrarse a su empleado, pero nada más. Resultaba ser una costumbre, por ese motivo al cambiar de empleado por la marcha de este, les fastidiaba, por que las personas se acostumbran a las “cosas” y si les va bien no les gusta cambiar. La señorita Narboni siente en sus carnes, “esto”, cuando un día no aparece su asistenta de toda la vida, “Ambruch”. Ve pasar los días y decide buscarla. Pronto se da cuenta, de que no sabe ni los apellidos, ni pronuncia bien su nombre. No sabe donde vive, como se llaman sus hijos. Pronto se da cuenta de lo que se ha perdido, recuerda y sopesa la gran perdida. “Ambruch”, por muy poco dinero le ofrecía, sus servicios, de asistenta (criada en aquellos tiempos), ama de llaves. La aguantaba cada día, y en los tiempos difíciles que llegaron a la muerte de su padre, incluso la pobre asistente le llevaba comida. Pero así es Juanita, diferente, tímida, y mal hablada para sus adentros. Un mezcla de judeo-española-inglesa que vivió los mejores tiempos de la ciudad internacional. Solterona y solitaria, que va sufriendo en su vida varios periodos. Primero la muerte de su madre, que tal vez la tenía demasiado dominada, y no la dejo remontar el vuelo cuando estuvo en edad para ello, cambiándole el carácter y su propio destino. Después la repentina huida de su hermana, con quien no se llevaba muy bien. La distinguida hermana de Juanita, que no utilizaba el español para expresarse, no lo veía educado. Raramente hablaba en otra lengua que no fuera el inglés, salvo cuando estableció una pequeña relación con un oficial Español. La señorita de la casa, siempre pendiente de ella misma, sin ayudar en lo más mínimo en las tareas cotidianas del hogar. Más tarde la muerte del padre de Juanita, el llanito recto y afable, amante de la vida mundana, del que poco se sabía. Su padre, siempre tuvo como preferida a su hermana, pero no dejo nunca a un lado a Juanita. Su muerto supuso un cambio rotundo en su vida, tal vez el más desequilibrante de todos. De una vida desahogada, paso a la austeridad de una pequeña paga de funcionario en el consulado ingles, y con el paso de los años llego a pasar necesidades economicas. Y por último la perdida de “Ambruch”, tal vez la más sentida por la Señorita Narboni. La asistente, fueron sus ojos, sus manos, y la templanza en sus crisis. Juanita Narboni, que según Ángel Vázquez tuvo una vida muy perra.
Juan A. García Harana
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Me asomo a mi pensamiento buscándote, no sé el tiempo que tardare en verte. Sé que ya no estás igual, estas distinta. Pero quiero verte. Es un deseo irrefrenable que me atenaza la vida. Es un zozobro constante, el no verte, el no sentirte. Planeo cada instante para cuando me reencuentre contigo. No sé cómo reaccionare, lo tengo todo estudiado, pero nunca se puede planificar un sentimiento. Puede que las lágrimas afloren en mi cara, puede que ría de nerviosismo, no lo sé, lo veo una y mil veces en mi cabeza, pero no puedo predecir que sea de esta forma. Pienso en el instante en que te comience a ver en el horizonte, que sentiré en ese momento, cuando tu silueta ya no sea un borrón deforme y tome formas reales. Me angustia pensar, que no es hoy cuando te veré, que no sé cuando, puede que tarde mucho tiempo antes de verte, de oírte, de olerte, de sentirte, de abrazarte, de andar contigo y en ti. Desgrano cada instante que pienso pasar contigo, cada paso, cada palabra que te dedicare, cada momento. Pienso alargar el día y la noche para no perder ni un segundo de tu compañía. Pasear contigo y en ti, y verte una y otra vez, extasiarme con tu sempiterno olor. Esperando me quedo… ese día que vuelva estar en Tánger.
Juan A. García Harana
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A mis compañeros del I.P.E.
Es casi tarde, pero temprano
Acabo de llagar y no la veo
Estoy dentro de ella y no la siento
No estoy, creo
El resplandor de los más rezagados rayos de sol, dan en la fachada de mi querido I.P.E.. Las sombras se alargan, acabo de llegar y estoy desorientado. Comienzan a salir sin orden, son más
callados que antes, tal vez el tiempo les dio ese grado de madurez que antes no teníamos. Pero veo que me estoy equivocando, no son ellos, no.. solo son gente nueva, no conozco a nadie. Los
fantasmas del pasado pasaron de largo, ya no están aquí, son iguales, van a lo mismo, pero no son ellos. Ya no queda nadie, veo sus caras sus risas, sus libros, pero no son ellos. Me adentro
en el edificio, abriéndome paso entre los que salen sin orden pero deprisa, atravieso el hall, y un señor de uniforme se interpone en mi camino, me pregunta, ¿Qué desea Señor?, …¿ cómo se dio
cuenta entre tantos…? Y.. llego a la conclusión de que a veces pierdo la noción del tiempo cuando llego a esta ciudad. Es lógico que me detectara, la edad me delató. El conserje en un
perfecto castellano, me pregunta por segunda vez, que deseo. Titubeo unos instantes, pues ciertamente, no sé qué contestar, que es lo que deseo, no lo sé, en ese sueño en el que entro a veces
aquí, creo que me voy a encontrar con alguien, pero no, solo son desconocidos. Al menos sus caras no me recuerdan a nadie. Y sigo escudriñando por doquier, sin resultado. Sin darme cuenta de
que el conserje me vuelve a preguntar lo mismo añadiendo preocupado, “le ocurre algo Señor”, al fin bajo a tierra, y le contesto, “no perdone, solo quiero recordar este lugar…(vuelvo a entrar
en mi sueño).. el Señor Cabanillas sigue aquí.. y el señor Segura.. El conserje con cara de extrañeza me responde con una pregunta, “ ¿Son alumnos?, pues lléguese a secretaria, aquí a la
derecha”. No perdone le contesto, no son alumnos, fueron en sus tiempos mitos para mi,… o lo son ahora, si porque antes no lo fueron. Sigo pensando, el conserje ya en un tris echarme del
lugar, se lleva la mano a la frente y con el dedo comienza a girarlo, diciéndose así mismo, este señor está loco. Perdón, le contesto, solo quiero ver el IPE un poco, soy, perdón fui alumno
aquí… El conserje de mala gana, por mi edad tal vez, o porque soy español, me deja pasar… Al fondo veo una chica corriendo, y es… se parece a mi amiga Alicia, tiene gafas de montura negra, su
pelo corto.. no, no es ella, nunca podría tener su sempiterna sonrisa, Villarino no es… no, no es ella, y las que les acompañan tampoco son Elisa y su hermana. El que grita en la puerta no es
Mèrabet, ni Yuseff el que sale del fondo del pasillo. Otro grupo, uno de ellos es moreno tiene gafas, es Rus, no.. no es él, este es distinto, Enrique viste mejor. La chica del pelo largo es
Olmos, no Mari Ángeles nunca se pondría ese pantalón tan ajustado. Ella si es Latifa, va con muchos libros, es ella, al fin apareció uno de ellos, le pregunto Latifa, Latifa.. ella se queda
quieta y me contesta, soy Fatma Señor, perdone creo que se confundió. Es alta, es Mamontoff, ahora no me equivoco. Adelanto el paso y grito Ana, Ana,, la chica me mira y sigue sin contestar,
y me doy cuenta de que no es ella. Ni tampoco, la señora que sale es la Señorita Isaura, Ni el señor del fondo que me mira, es el Señor Montoya, no, no son nadie, vuelvo a confundir la
realidad con mis sueños. Ellos ya no están aquí, los veo, los siento, pero no están aquí. No, hoy no toca examen de matemáticas, los pobres están preocupados y estarán repasando los
conjuntos. Saben que la mitad no aprobara, les tendré que ayudar. Me dirijo a clase, y esta vacía, no importa me sentare a esperarlos, seguro que siguen repasando para el examen, y pronto
comenzaran a entrar. Les tendré que ayudar…………son mis compis.. mis amigos aunque ya no están, son mis amigos.
Juan A. García H.
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Tánger, la ciudad compartida, ciudad que como todos los grandes sitios del mundo, tiene sus cosas buenas y malas. Las buenas todos las comentamos con cientos de páginas, artículos y libros, exaltando la ciudad, pero las malas casi nunca y menos por un tangerino, yo soy siempre el primero que las ignora, no me interesan, para mi Tánger es toda sabiduría y belleza, y es obvio que veo cosas malas y feas, pero siempre las justifico. En mi ciudad Tánger, todo tiene una explicación, si ves una calle sucia, no está sucia, es el paso del tiempo, si la ves en otro lugar, son unos guarros. Si las personas gritan en un lugar público, la acústica no es buena, y tienen que levantar la voz, si gritan en otro país, son unos maleducados que no respetan a los demás. Si el cuarto de baño de un bar, tiene los azulejos rotos, y parecen sucios, en Tánger, son antiguos, y tampoco son para comer.., no me importa. Si es en otro lugar, el dueño debería tener este lugar cerrado, me salgo sin utilizarlo y no vuelvo jamás al lugar. Si los conductores no respetan las señales de tráfico, en Tánger, se tiene que comprender, tenemos muchos coches, y de todos modos casi nunca pasa nada, si es en otro lugar, ya no vengo mas, son unos salvajes no saben conducir, deberían sacarse de nuevo el carnet de conducir. Si en un restaurante la bebida está caliente, en Tánger es mejor, tengo problemas de garganta y así noto mas el sabor, más fría suele esta insípida, si es en otro lugar, exijo otra bebida fría y prometo no volver a un lugar que ponen caldo en vez de bebidas refrigeradas. Y me pregunto porque ocurre esto, que es lo que misteriosamente hace que en Tánger me convierta en una persona benevolente, que cambie radicalmente de forma de ser, que no exija nada, que todo lo justifique. Me lo pregunto y no encuentro la respuesta. Tampoco me interesa encontrarla se rompería el hechizo, ya dejaría de ser Tánger, donde todo es mejor, más bonito, más sabroso, más encantador. Y dejo de escribir, porque quiero un vaso de té con hierbabuena, pero por desgracia para mí no me gustara mucho, solo en Tánger sabe bien un té, aquí solo es un sucedáneo, pero al menos se le parece.
Juan A. García Harana
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Todas las ciudades del mundo son singulares, Madrid, Paris, Nueva York, Moscú, todas son una, no existen dos Madrid, es el Madrid, el Paris. Pero toda regla tiene su excepción, Tánger. No tenemos un
solo Tánger, son muchos Tánger. Se podría decir (con perdón de la real Academia de la Lengua) que tenemos muchos “Tangeres”. El Tánger Marroquí, el Tánger Español, el Tánger sefardí, el Tánger
Francés, el Tánger Ingles, etc. Son todos distintos, que se funden en uno solo. Ninguno es mejor que el otro, son distintos pero a la vez iguales. Es como una obra de arte que pertenece a un museo y
un país, pero la obra es del que la mira en ese momento, no es del país, es del que disfruta de ella. Así son los “Tangeres”, son de Marruecos, pero la tiene que compartir, con todos los tangerinos
del mundo, con todos los “no” tangerinos que la aman, que se enamoraron al conocerla. Si las personas que no conocen nada de Tánger leen varios libros sobre Tánger, se podrían despistar. Cada
escritor que describe la ciudad resalta lo principal de la misma, este apartado siempre es igual, con ciertos matices, pero en general no cambia mucho de una opinión a otra. Todos coinciden que el
Zoco Chico fue el centro neurálgico de la ciudad a principios del siglo pasado y que después fue el Boulevard Pasteur. Cuando describen a los escritores y artistas extranjeros que pasaron por la
ciudad, ya la cosa comienza a cambiar, son tantos que cada uno pone los de su país en primer lugar y si puede, ignora al del país vecino aun a sabiendas de que fue muy importante. Cuando se trata de
los famosos tangerinos, ocurre algo similar, primero los de su país, y después alguna referencia de pasada al de los otros países, pero nunca dirá el país, tan solo que es tangerino. Por eso Tánger
es así, no puede ser de otra forma, es como un mosaico de distintos materiales, ninguno sobra, todos son necesarios, incluso aquellas pequeñas piezas que parecen desentonar, son tan importantes como
las más bonitas, todos son un solo cuerpo de distintas formas pero una sola obra.
Tánger es un arco iris de pensamientos distintos que saben que lo son, pero que ellos por si solos no son nada, solo la unión les da fuerza para formar la luz. Eso es Tánger la luz en el
desierto de la unión de muchos colores distintos que forman uno solo, dando cada uno todo su poder lumínico, para formar la transparencia de la luz, donde nadie sobra ni falta, todos son
necesarios y complementarios, donde cada uno tiene su justa medida. Tánger es la luz, formada de muchos colores distintos, que dan sentido a la ciudad.
Juan A. García Harana
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Estricta palabra sobre lo absoluto, delirio del tiempo pasado, nombre utópico de sueños, pensamiento
sublime de tiempos rotos, anhelo de noches de quimeras lapidadas. Tapiz de colores en la ventana, sonidos familiares indescriptibles, olores para otros impensables. Sentimientos encontrados en lo
absurdo, querer y no serlo. Intento de volver atrás, repasar e inventar la realidad palpable. Volver a ver para sentirla, andarla para vivirla, contemplarla en el silente y placido recorrido del
recuerdo. Comparar sin esperanza, y engañarnos en silencio. Escudriñar en el viejo desván de la memoria, buscando puntos referenciales sin posibilidad de hallarlos. Sortear el tiempo, comparando
el pasado, sin perspectivas de igualarlo. Paladear una infusión de la tierra para sentirla nuestra, probar cualquier bocado y mentirnos al aplicar benevolencia, tentar la suerte repentina de una
calle, con un nombre conocido, ver la suavidad del tiempo en la pared, tentar la textura de cosas olvidadas. Sufrir en el traslado para verla, callar en silencio al entenderlo, continuar viendo
la niñez que ya no existe. Intentar ver lo que ya no está. Lo que solo nuestra mente intenta ver. Paladear el instante sin pensar atrás, solo esta lo que tenemos, no está lo que dejamos, murió
ese día que partimos, ese cuarto, esa cama, ese libro, esa casa, esa calle, ese amigo, esa escuela que tanto nos abrumaba, como la añoramos ahora, ese examen que nos fastidiaba, quien pudiera
hacerlo.. Tánger…de mi niñez donde estas, te veo te recuerdo, pero el tiempo te cambio, ya eres mayor, ya no juegas conmigo como antaño, tu risa suena distinta, tu olor, es más penetrante.. eres
la misma.. pero diferente a la vez. Pero te quiero, te querré siempre, siempre te llevare en mi corazón, como tantos tangerinos, que te siguen amando en el silencio de la complicidad.
Para ti Tánger mi único y verdadero amor.
Juan A. García Harana
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La chica del Marchan
En los altos del Marchan donde nací
recorde un lento pasaje de mi memoria perdida
la recuerdo junto al lapidario fenicio
A lo lejos… y.. sin mi
te vi en el eucaliptal junto al estadio
en los gastados bancos del paseo
en la pendiente de Cenarro
en el bankalito de Alí
Vi tu mirada perdida en el café de Paris
pasear por el mirador del Boulevard
parar en Kent sin entrar
Y charlar con la hija de Levi
Te vi pasar por el zoco chico
los tertulianos de Fuentes te miraron
enfrente los del Central se callaron
todos se enamoraron
Yo te seguí por la calle Siaghins
En el Monoprix entre la gente te perdí
Te busque pero no te encontré
Fue la ultima vez que supe de tí
El momento fue un esbozo
Tu cara un gozo sin temor a mentir
Por un momento te sentí sobre mi
Todo fue fugaz, una casualidad
La chica del Marchan ya no esta
Pasan días y no la veo
Su casa esta oscura y silente
Solo queda en mi mente
Recuerdos de ni niñez.
Juan Antonio García Harana
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